La intertextualidad es un elemento utilizado por la mayoría de autores contemporáneos para convertir su obra en laberintos mentales con acertijos que buscan que el espectador interactúe más con la exposición; incluso en muestras previas a las que hemos asistido hemos podido notar su presencia en gran dimensión, sin embargo nunca como en esta oportunidad.

“Teodicea: Agonías de Dios en el arte de Ángel Valdez” es presentada en la Galería “Germán Krüger Espantoso” del ICPNA de Miraflores en Lima.
En nuestra visita, el día 26 de Abril, nos topamos con una muestra que desde la entrada principal te introduce en el concepto general de la colección: Una crítica social por medio de elementos de la iconografía cristiana y popular.

La obras van descendiendo con nosotros por las escaleras ingresando a un ambiente de paredes rojizas con una serie de pinturas con gran carga de imágenes simultáneas. Como bien el curador “Gustavo Buntinx” lo menciona, este es el descendimiento al hades, llegamos a una acumulaciòn de elementos en cada una de las obras que llaman a ser entendidos y explicados de diversas maneras con una reacción distinta de acuerdo al pasado del espectador y es que las pinturas no presentan una problemática a la que podamos sentirnos ajenos, cuenta las historias a través de los medios y conceptos de Validez, de la lucha política y militar que durante años pasados y cercanos aterrorizaron a un país completo en busca de su libertad y tranquilidad.

Estas imágenes, con personajes sosteniendo armamento, rostros de guerrilleros conocidos y de otros que hoy no tienen nombre, de las defensas de zonas andinas y de la selva, personajes populares, como las bailarinas de cumbia, pasando a la parte religiosa con cristos trifaciales y miembros del clero; personajes de la historia del Perú, de la nobleza inca y de los conquistadores, entre otros más; son incluidos en varios fondos que recuerdan a distintas zonas del país, con agregados de modelos ornamentales de la selva prehispánica y con códigos de entrada a la red digital.

Todos estos personajes y elementos mencionados son colocados en capas de cercana distancia que, con el agregado de una gama de colores intensos, que resaltan aún más con el rojo del espacio, generan en el espectador tensiòn, ansiedad y hasta impotencia, es la vista a un pasado y una realidad que muchas veces queremos ignorar por lo pesado de su carga tanto histórica como emocional; la que finalmente se ve liberaba y hasta cierto punto aliviada, a la salida del espacio. No porque ya no tendremos que ver estas escenas y nos liberaremos de esta “incomodidad”, sino por que hemos sido capaces de ingresar en esta verdad y realizar consciencia sobre lo que pasa a nuestro alrededor, por que si bien las imágenes muestran etapas pasadas de nuestra historia, también muestran que las mismas se repiten aquí y en muchas otras partes del mundo.
Es aquí donde podemos ver el uso de esta intertextualidad aplicando personajes y elementos conocidos para aquellos espectadores que pertenecen o conocen el contexto histórico peruano. Componentes que a un inicio causarán probablemente gracia o indignaciòn en el receptor de corta educaciòn o del que ignora ciertas partes, pero que finalmente llaman a una lectura paciente y profunda de cada conjunto presentado.
En mi percepción, estas obras muestran la carga constante de la opresiòn en distintas épocas de nuestra historia, opresión que se ha luchado, se ha vencido, se ha vivido y muchas veces olvidado y tratado como excluyente a nuestra actualidad cuando en realidad esta es permanente y se genera y distribuye también por otros medios como el internet. Sin embargo no solo se trata de la opresión y sus efectos, sino también de la liberaciòn y lucha contra la misma, concepto que se puede ver reflejado por la constante aparición de la figura del can ahorcado que en esta ocasiòn no cuelga muerto, por el contrario, sujeta con gran fuerza la soga antes de que le presione completamente el cuello. Una referencia que representa esta pelea hasta últimas instancias por lograr el objetivo de toda una naciòn que busca vencer el terror.

Cambiando el asunto de nuestro discurso me gustaría ahondar en la distribución del espacio y mencionar sobretodo lo agradable que ha sido apreciar los bocetos previos y los cuadernos de dibujos de varios años anteriores del artista. Ver y entender con mayor presiciòn los significados de cada pieza y cómo estas han ido variando de posición para lograr un resultado distinto hace sentir al receptor como parte del proceso, se siente incluido en un mundo que creía ajeno y que ahora puede hacer parte de él, por que como bien mencionaba el encargado de la galería, quien amablemente nos presentó una reseña general de la muestra, las interpretaciones han sido diversas e incluso contradictorias; hasta por los mismos autores de la exposiciòn; por lo que no puede existir una lectura errónea o muy alejada de la original, más aún cuando se incluyen estas hojas de múltiples borrones y trazos que permiten entender un poco más el propósito de Valdez.


La exposiciòn como ya se mencionó, libera la mente a la verdad de una sociedad que prefiere ocultar hechos incómodos y tristes en la historia, permite que los mismos asuman estos hechos como parte de ellos y que generen una mayor consciencia sobre los residuos históricos que aún causan disturbios y terrores en nuestra actualidad, como se presenta en el texto curatorial del ingreso, aún se mantiene esta “lucha agónica contra la muerte ”.



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